Cuarentena óptima

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Cuando los economistas hablamos de la cantidad optima de algo malo en general resulta contra intuitivo para la mayoría de la población. ¿Cómo puede haber un nivel de contaminación optima? ¿Cómo se puede hablar de una tasa óptima de accidentes laborales? ¿Acaso la respuesta obvia no debiera ser que la cantidad óptima de cualquier cosa mala es cero? 

Lamentablemente no. La actividad económica conlleva riesgos de accidentes; por ejemplo, cada fin de semana largo hay que lamentar muertes por choques y si bien muchos de ellos podrían ser evitados con una correcta infraestructura, controles mas rígidos al incumplimiento de las normas y mas educación a los conductores, la única manera de tener cero muertes por accidentes de transito los feriados largos sería eliminar los feriados largos o prohibir los autos; dos disparates.

O tomemos el caso de la construcción que es uno de los gremios donde se producen más accidentes laborales. Claro que hay que insistir en controlar las condiciones de trabajo, pero a nadie se le ocurriría suspender la actividad, porque tienen como efecto secundario una cantidad de accidentes que no pueden ser evitados de otro modo

Producir también genera contaminación y por más que obliguemos a las empresas a instalar filtros y a controlar sus niveles de emisiones toxicas, no podemos pedirles que sean nulas, porque eso equivaldría a parar completamente la producción.

En tiempos de coronavirus asistimos a un dilema similar. Mucha gente tiene su ingreso asegurado, porque es asalariado en una compañía que tiene espalda para seguir pagando sin facturar, porque es empleado público o porque se desempeña en un sector que es esencial y no entra en cuarentena. Pero hay millones de argentinos que además de la preocupación por su salud, suman la angustia de no saber como van a pagar las cuentas el próximo mes y ni hablar de las 600.000 pymes que ya están sacando la cuenta de si les sale mas barato despedir, indemnizar y bajar la persiana, para volver a arrancar el año que viene si todo vuelve a la normalidad.

La cuarentena tiene una lógica sanitaria implacable; si bajamos la tasa de contagios de cada infectado, aplanamos la curva de casos activos y le damos chance al sistema de salud de que atienda a los críticos, que los expertos estiman en el 5% de los que son captados por el virus. Quiere decir que, si pudiéramos conocer de antemano la evolución de la tasa de contagio en la población vulnerable, en cada uno de los escenarios de distanciamiento social impuesto por el gobierno, las autoridades podrían calibrar exactamente cual es nivel optimo de la cuarentena en términos de duración e intensidad, si el objetivo fuera producir el menor el menor daño económico posible, sujeto a la restricción de mantener al sistema de salud operando siempre por debajo de su capacidad máxima de atención.

Por eso son fundamentales los testeos masivos aleatorios como los que hizo por ejemplo Islandia, que tiene 7 veces mas contagiados que Dinamarca, pero 33% menos de muertes, como porcentaje de la población. Porque sin esa información las decisiones sobre el período y alcance de la reclusión domiciliaria se toman a ciegas, por aproximación, pagando costos innecesarios, o en materia de vidas o en materia de actividad económica. 

En piscología cognitiva hay un sesgo que se denomina “de disponibilidad”, descubierto por Daniel Kahneman y Amos Tversky en 1973, por el cual la gente sobreestima la probabilidad de que ocurran eventos que le resulta fácil imaginar, porque tiene acceso a representaciones mentales de ese evento (como ocurre con los accidentes de avión que tienen amplia cobertura en los medios y centralidad en muchas películas), pero por la misma razón subestimamos la probabilidad de que ocurra algo que nos cuesta imaginar. Con los casos de Italia y España haciendo picos de rating en los medios, es plausible pensar que la gente tienda a sobreestimar tanto la posibilidad del contagio, como el riesgo de muerte asociado. En cambio, no hemos visto aún las consecuencias económicas de la pandemia y es posible que estemos subestimando los costos de la cuarentena.

En Estados Unidos sonaron las alarmas esta semana porque se conoció el dato de solicitud de seguros de desempleo que tuvo su pico mas alto de la historia cuando 3,28 millones de americanos llenaron el formulario para ese beneficio; casi cinco veces mas que el pico del 2009. Pero todavía para muchos ese es un dato abstracto, difícil de imaginar, que no se cuela fácil en las representaciones mentales que se usan como base del juicio. En la medida que la cuarentena se empiece a cobrar bajar económicas y tengamos noticias de familiares que perdieron el empleo, amigos que tuvieron que cerrar el local, comercios que no pudieron depositar los sueldos y crónicas en los medios de gente que no puede pagar los servicios o el alquiler, la preocupación por la economía irá ganando lugar.

Como explicó hoy el Doctor Adolfo Rubinstein, tenemos que ver como podemos hacer para salir de la cuarentena. Sin apurarnos, porque explota el sistema de salud, pero sin extender la duración más allá de lo estrictamente necesario, porque explota la economía. Palabra más, palabra menos, es lo que los economistas denominaríamos “la cuarentena óptima”.

Publicado en Clase Media, el newsletter de Martín Tetaz, el 30 de marzo de 2020.

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