Daniel Montoya: «Si Alberto Fernández entiende su papel histórico, va a tener que tomar medidas antipáticas»

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Entrevista Realizada por Bruno Costanzo

-En tu último texto, publicado en la Revista Noticias, escribiste: «El coronavirus nos abrió una enorme oportunidad histórica. Jugados por jugados, no nos queda otra que abordar el desafío político, científico y tecnológico más ambicioso de todos. Estamos en zona de tener que resolver lo que casi nadie, y especialmente nosotros, jamás fuimos capaces de solucionar, y encima, en tiempos que no podemos ir más allá de la cama al living». ¿En dónde vamos a estar parados cuando pase la epidemia o al menos cuando dejemos la cuarentena?

-Hay un mito popular que dice que Walt Disney se había congelado. Si bien la hija lo desmintió posteriormente, tenía algo de qué agarrarse. «Se non è vero è ben trovato». Él era un tipo futurista: en Epcot Center se imaginaba un nuevo tipo de ciudad, no sólo desde la tecnología, sino también del tipo de relaciones humanas, donde se iba a prescindir de seguridad y de otros controles. En este momento, en Argentina, estamos destruyendo la cadena de pagos y golpeando todo el sistema productivo. Un montón de heridas que, en la medida en que no encaremos una agenda de transformaciones, cuando la perilla de la economía esté en «on» van a aparecer amplificadas. Con este congelamiento, esta criogenia, el país se encuentra en una oportunidad -en parte forzada y en parte decidida porque hay países que no han ido a la cuarentena extrema- para encarar una reingeniería, para pensar algo absolutamente nuevo, porque en el momento en que desfreezemos van a estar los problemas gravísimos que teníamos con la acentuación de estos meses de quietud.

-Algunos hablan de un “2001 inducido”
-El que esté pensando que este trabajo es similar a inducir un 2001 por la vía de la pandemia se equivoca. Lo que hubo en ese momento fue una explosión muy grande que disparó un montón de correcciones brutales y una fuerte transferencia de ingresos, sí, pero en aquel momento el mundo era absolutamente otro, lo que permitió que después del trabajo de emergencia que hizo (Eduardo) Duhalde había de algo de lo que agarrarse: un fuerte boom de materias primas y una China creciendo al 8 o 10 por ciento. Pero sí, lo que debe estar entusiasmando a algunos del Gobierno, aunque no lo van a admitir, es la idea de que esto es como un 2001 pero forzado, parecido a un “coma inducido”: nos mandamos al freezer directamente por uno o dos meses y los sectores producidos trabajan al 20 por ciento de su capacidad. Al tener todo parado, algunos piensan, al ver que están los todos escombros sueltos, que aparece la posibilidad de hacer cualquier cosa, de llevar adelante muchos cambios. En su momento, Néstor Kirchner decía: «Le metí el cuchillo al pan de manteca y el pan de manteca era agua». Se abre la posibilidad de tocar salarios, modificar convenios de trabajo y desarmar un montón de esquemas, que son las oportunidades que te abren las crisis.

-A Alberto Fernández se lo ve reuniéndose y sacándose fotos con todos los sectores: iglesia, empresarios, sindicalistas y opositores. Al mismo tiempo, Paolo Rocca echó a 1.400 trabajadores de un golpe y Fernández le sale a decir miserable. Es como que la realidad lo enfrenta y deja ese rol de absoluto conciliador…
-El presidente se está encontrando, como dice Slavoj Zizek, con «el desierto de lo real». Se encuentra con que, cuando juntás la pata empresarial y la pata sindical, ninguno quiere ceder nada. Esta es una situación parecida a la que enfrentó Gerhard Schröder cuando era primer ministro de Alemania (1998-2005). Schröder hizo un acuerdo con los sindicatos para no darles aumentos por diez años a cambio de que no haya despidos. Cuando se habla de gran acuerdo económico y social o Pacto de la Moncloa acá, significa eso: que los empresarios no despidan y los trabajadores no tengan aumento o incluso pierdan poder adquisitivo. Ese es el trasfondo de todos los pactos sociales: los empresarios ceden la capacidad de despedir y los sindicatos la de buscar aumentos.

-¿Sentís que están dadas las condiciones para ese tipo de acuerdos? Porque acá dá la sensación de que ningún sindicato está dispuesto a perder una vez más contra la inflación y al mismo tiempo los empresarios, salvo algunos sectores particulares, dicen que hace rato que les está yendo mal. Acá nadie dice que en los últimos años la estuvo juntando con una pala. 
-Estamos en un gran problema. Venimos de una década en la que el ingreso per cápita no creció prácticamente nada y las mejores proyecciones hablan de que recién en 2024 estaríamos empezando a crecer un poco en esa variable. Desde mediados de los 70′ estamos en un estancamiento crónico y todos los países con los que nosotros nos comparábamos nos pasaron por arriba. Por eso usé el ejemplo de Schröder: a la socialdemocracia, la fuerza política que logró este acuerdo de sacrificios para los sectores del trabajo y los sindicatos, este pacto les costó prácticamente quedarse al borde de la extinción política. No volvió más a recuperar el poder y quedó herida de meurte: en los lugares donde era más fuerte creció la extrema derecha y ahora es furgón de cola de Angela Merkel. Cuando uno habla de Pacto de la Moncloa suena bien, pero en realidad es una mesa de consesiones y sacrificios.

-Digamos que se necesita de alguien dispuesto a ser antipático
-Claro, hay que ver si el peronismo le va a querer poner la cara a un proceso antipático que a Alberto Fernández lo puede dejar en el bronce, como el arquitecto que mantuvo la protección del empleo en el vendaval, pero eso no te da el aplauso popular. Si el lidera estos sacrificios, posiblemente tenga que olvidarse de tener reelección. Esto en la medida que el piense como estadista. Volviendo a Schröder, Alemania es el único país de Occidente que logró mantener el empleo al tope durante todo el traspaso de mano de obra a China. Justamente por estos sacrificios que enterraron a la socialdemocracia y que generaron mucha resistencia en los sindicatos y también en las bases de trabajadores.

-¿Lo ves dispuesto a Fernández a encarar un desafío así?
-Tiene que entender cuál es su papel histórico. Si lo entiende, va a tener que tomar muchas decisiones antipáticas. Muchas veces ese papel no tiene que ver con las reelecciones ni con las plazas. Tiene que ver con algo que se ve después en los libros de historia. Cristina a él lo designa con la frase: «Le he pedido a Alberto Fernández que encabeze la fórmula…»». Es un hombre que fue nominado para una tarea que ella no iba a poder hacer. Cristina no quería encarar esta agenda que le toca a Fernández, no quería ser Schröeder, digamos. Duhalde fue alguien que entendió ese papel que le tocaba. La magnitud del «trabajo sucio» que hay que hacer es tan grande que genera un desgaste enorme en términos políticos. Y la pandemia solamente acentuó esto. Hoy todas las decisiones que hay que tomar son dificilísimas en términos de los intereses que están en juego pero limitan las posibilidad en un sentido positivo: a Alberto Fernández no le queda otra que rearmar la gran maqueta.

-Hoy Alberto Fernández toma decisiones difíciles pero las encuestas parecen legitimarlo. Algunas dicen que el nivel de aprobación a las medidas que tomó están en el orden del 90%. 
-Todavía no llegó el momento en que tenga que tomar decisiones más antipáticas. Yo -en lugar de él- si un asesor me trae una de estas encuestas, lo sacaría a patadas. Las encuestas son fotos del día que tienen mucho que ver con humores cambiantes. Alberto tiene muchos años de jefe de Gabinete encima y entiende esto. Las encuestas de hoy pueden ser viejas en cuestión de horas, los números van a cambiar todo el tiempo.

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