La deuda, “la insostenible resignación”

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Esta semana el gobierno nacional recibió la opinión del FMI con respecto a la deuda externa aludiendo que era “insostenible”.

Si bien para algunos sectores del Palacio de Hacienda esto fue visto como positivo, la realidad es que la opinión describe una situación muy delicada, que describiremos mas adelante.

Es evidente que el Fondo Monetario, en el momento que otorgó los créditos en la administración Macri observaba un desarrollo del país, que si bien no tenía las reformas estructurales necesarias, entendían que esa gestión la llevaría adelante en un segundo mandato.

Estas reformas facilitarían el ingreso de capitales, el préstamo stand by sería soportable por la economía Argentina. Es claro y evidente que posterior al resultado de las Paso el escenario argentino cambió en forma drástica. El riesgo país se duplicó y el tipo de cambio paso de $ 40 a $ 65 en cuestión de horas.

Pero lo más preocupante es que el mercado se adelantó su desconfianza al nuevo gobierno k. Con este nuevo contexto la administración Fernández llevó adelante un ajuste significativo de aproximadamente el 2% del PBI para intentar compensar el perjuicio de esta desconfianza. Estas medidas fueron bien recibidas por las autoridades actuales del FMI.

El ajuste en las jubilaciones y el aumento de impuestos llevaría alguna tranquilidad a la situación fiscal, pero los números del déficit primario de enero contraponen esta situación esperada. Lo que explica este déficit es que el gasto creció más que la recaudación.

El ministro de economía Guzmán no armó, al menos por ahora, un plan económico que mejore la situación general. El sector más productivo de la Argentina, “el campo”, es el que por el momento, está llevando la peor parte. Dado que el impuesto País sobre el dólar, fracasó en términos de recaudación, el gobierno buscará financiarse con un nuevo aumento de las retenciones sobre las exportaciones agropecuarias (por lo que trascendió seria aumentar la retención de la soja al 33%).

El ministro Guzmán está llevando adelante distintas negociaciones en Estados Unidos negociando una quita con los acreedores privados y negociando con el fondo monetario el cambio de la estructura del préstamo, y transformarlo en uno de Facilidades extendidas a cambio del standby actual.

En Argentina se tomó con beneplácito el comunicado del personal del Fondo Monetario Internacional (FMI) que visitó recientemente el país afirmando que la deuda pública es impagable y que, por lo tanto, los acreedores privados deberán hacer una contribución significativa para recuperar su sostenibilidad.

Se entendió con esta declaración que el FMI le está dando un respaldo al país para negociar quitas en la re estructuración de la deuda que se entablará con los acreedores. Pero, leyendo con más detenimiento, el mensaje del personal del FMI parece que es otro, y posiblemente más desalentador para la propia Argentina que para sus acreedores.

El comunicado dice que el superávit primario que se necesita para reducir la deuda pública y financiar el crecimiento no es “económica, ni políticamente factible” (sic). Como siempre en Argentina lo urgente tapa lo importante. Lo importante es que el país necesita reformas estructurales tales como fiscales, laborales y políticas que posibiliten que el país comience a funcionar pero él urgente hoy es la deuda y como casi todas las administraciones la única solución es el aumento de impuestos y el congelamiento de las erogaciones (jubilaciones).

Como diría el maestro Domingo F. Sarmiento, hay que darle gran valor a las comas en la gramática; no es lo mismo “la deuda insostenible, resignación” que “ la deuda, insostenible resignación”.

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