Por qué las petroleras se resisten a cerrar pozos de petróleo

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En yacimientos maduros, cuando se cierra un pozo se afecta el sistema de extracción. Retomar los niveles de producción anteriores al parate puede demandar varios meses. Cuando se reactivan, los pozos solo producen agua.

En medio de la histórica caída del precio del barril de petróleo por la crisis causada por el Covid-19, que a su vez provocó una abrupta disminución de la demanda de energía en todo el mundo, las petroleras se resisten a cerrar los pozos de petróleo. Es algo que sucede a nivel global y también en la Argentina. ¿Cómo se explica esa decisión? ¿Por qué las empresas están vendiendo su producción a precio de descuento en lugar de interrumpir el bombeo?

La explicación es eminentemente técnica pero termina de explicarse en términos económicos. Más de un 80% del petróleo que se extrae en la Argentina proviene de campos maduros o viejos. Son yacimientos explotados mediante sistemas de recuperación secundaria (mediante la inyección de agua) y terciaria a través de polímeros o surfactantes. Los pozos perforados en esos reservorios producen una altísima cantidad de agua. En muchos casos, por no decir la mayoría, más del 90% de lo que se extrae es agua. Hay muchos yacimientos viejos que producen sólo un 3% de petróleo y un 97% de agua. La extracción de crudo se concreta mediante la inyección de agua que arrastra el petróleo del reservorio hacia la superficie.

¿Qué pasa si se cierran los pozos?

Si una petrolera cierra un pozo (o una zona completa de pozos) lo que termina sucediendo es que cuando lo reactiva puede terminar produciendo solamente por dos o tres meses. El impacto en el negocio es duro.

¿Por qué cuando se retoma la producción de campos maduros sólo se extrae agua? Es como reaccionan los reservorios que llevan décadas en producción. Físicamente es más liviana que el petróleo, por lo que cuando el sistema petrolífero deja de producir el agua se ubica en la parte superior de la formación. Hay que bombear cientos (o miles) de metros cúbicos de agua hasta que el sistema vuelve a producir petróleo. “La consecuencia es que al reactivar un pozo longevo (de producción secundaria o terciaria) en los primeros tres meses sólo se extrae agua”, explicó a Econojournal el gerente comercial de una petrolera independiente que produce petróleo en la cuenca Neuquina.

Un balance inestable

Los campos maduros o viejos aportan 8 de cada 10 barriles que se extraen en la Argentina. Su producción requiere una compleja ingeniería de producción para encontrar el balance ideal entre la inyección de agua y químicos en función del comportamiento de cada yacimiento, que varía a partir de sus características geológicas y geofísicas. Cuando la producción de un pozo en este tipo de campos se interrumpe totalmente, ese balance se rompe. Reconstruirlo puede llevar tiempo e incluso nunca volver a alcanzar los niveles de producción anteriores al parate. Para evitar que eso suceda, las petroleras prefieren vender a precios con descuentos —concretaron exportaciones a pérdida a precio de Brent menos 10 o 15 dólares— con tal de que el sistema siga funcionando.

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